LA RESPIRACIÓN: UNA GESTALT

Boletín nº 25 de la AETG (Asociación Española de Terapia Gestalt)

Cogemos aire. Soltamos aire. Una necesidad básica satisfecha automáticamente. ¿La interrumpimos de algún modo? En este artículo se defiende que sí lo hacemos, del mismo modo que interrumpimos el ciclo de satisfacción de cualquier otra necesidad, y que los mecanismos neuróticos básicos de interrupción, introyección, proyección, retroflexión y confluencia, se pueden observar en la respiración. La interrupción la efectuamos fundamentalmente de dos modos.

    Una de las formas de interrupción es mediante el control de la intensidad. Reduciendo o ampliando la intensidad, bien de la inspiración, bien de la espiración o de ambas, atenuamos o intensificamos el contacto con la emoción.

    Y otra es mediante las pausas. Podemos hacer una pausa en apnea alta, es decir entre la inspiración y la espiración, cuando tenemos aire dentro. Igualmente podemos hacer una pausa en apnea baja, entre la espiración y la inspiración, una vez que hemos soltado el aire. O podemos hacer micropausas controlando la espiración, así dejamos salir controladamente el aire, poco a poco, en lugar de dejar que los pulmones se deshinchen automáticamente.

    Podemos considerar una primera manera de interrumpir la respiración que correspondería a la introyección. Perls consideraba que el proceso de asimilación de los alimentos es muy parecido al modo en el que asimilamos psicológicamente. Así, conceptos, patrones de conducta, valores, tienen que ser digeridos para convertirse en partes propias, en partes nuestras integradas que forman parte de nuestra personalidad. Tanto los alimentos como estos elementos psicológicos proceden del mundo exterior y pasan a ser nuestros, o incluso pasan a ser nosotros. Si aceptamos todo lo procedente del exterior sin críticas, entonces permanecen dentro de nosotros sin digerir, como cuerpos extraños. Todos estos valores, patrones etc sin asimilar se denominan introyectos y el proceso mediante el que incorporamos estos elementos del exterior sin pasar por nuestra conciencia se denomina introyección.

    Pues bien, hagamos un ejercicio. Vamos a introducir aire y a retenerlo en apnea alta. Probemos a pensar mientras hacemos esto en un introyecto. Por ejemplo: tengo que ser amable o buena con todo el mundo. ¿Nos suena esta manera de respirar? Cuando introyectamos no cuestionamos la creencia o el mandato. Al igual que en la digestión no digerimos lo introyectado. Por lo tanto, inspiramos rápidamente y hacemos después una pausa. Nos aseguramos así de que eso se queda ahí, sin cuestionar.

    Podemos probar una forma de introyectar adaptativa. En este caso el aire lo podemos retener en apnea alta o lo dejamos salir en varias espiraciones cortas con pausas marcadas. Probemos a atarnos los zapatos y a ser conscientes de cómo es nuestra respiración. No tendría sentido poner en duda o cuestionar la tarea.

    A la introyección le correspondería la pausa en apnea alta o, en todo caso, pausas espaciadas con todo el aire dentro al principio y después pausas con parte del aire inspirado.

    ¿Cómo sería la interrupción de la respiración correspondiente a la proyección? La proyección es un mecanismo que tiende a desposeernos de aquellas partes de nosotros mismos que no queremos reconocer como nuestras. Consiste en atribuir a otro alguna actitud, rasgo, sentimiento o conducta que nos pertenece a nosotros mismos.

    Ahora vamos a introducir aire y a retenerlo en apnea baja. Fijémonos en nuestra respiración cuando escuchamos a alguien y estamos muy interesados en entender lo que dice. En la escucha terapéutica, por ejemplo, cuando dejamos de estar relajados y hacemos esfuerzos por entender, suspendemos la respiración en apnea baja. Es decir, dejamos salir algo nuestro y nos aseguramos de que lo ponemos en otro antes de volver a coger aire.

    A la proyección le correspondería la pausa en apnea baja.

    En cuanto a la retroflexión se da un impulso que podría ir dirigido hacia fuera y es vuelto hacia nosotros. Queremos que nos adulen y adulamos a otros, estamos agresivos con alguien y volvemos esa agresividad hacia nosotros. Para ello tenemos que dividirnos en dos: el sí mismo y el yo mismo. Yo me hago a mí mismo.

    Un mecanismo de control respiratorio que correspondería a este mecanismo de defensa consiste en controlar la inspiración y acortar la espiración. Acortamos lo que sale de nosotros y lo obligamos a regresar dentro. Para entender esto podemos hacer el mecanismo contrario que es más intuitivo. Probemos a inspirar rápidamente y forzar la espiración como en un jadeo con fuerza. Entendemos en seguida que es la respiración de una persona airada.

    Por tanto en esa combinación de control de la inspiración y acortamiento de la espiración podemos encontrar un modo de retroflexión.

    En la confluencia la persona y el ambiente se confunden. No distinguimos entre dentro y afuera ni entre nosotros y los demás.

    Probemos a acoplar nuestra respiración a la de otra persona. ¿Qué sentimos? ¿Tal vez entramos en confluencia?. Esto puede ser frecuente en la escucha terapéutica, implica una forma de empatía y puede suponer el riesgo de no separarse de la vivencia del paciente. En estos casos es suficiente con tomar una respiración consciente más amplia para detener la confluencia.

    La confluencia se manifiesta adaptando nuestra respiración a la respiración de otro.

    En resumen, los mecanismos de defensa propuestos por la Gestalt pueden reflejarse y ser estudiados también en la respiración. En ocasiones la propuesta puede ser suspender durante un lapso de tiempo nuestra forma de respirar proponiéndonos hacerlo conscientemente y sin pausas. Durante ese tiempo sucede que todo aquello que evitamos mediante nuestras defensas puede aparecer en la conciencia y puede ser vivido o revivido con toda la emoción evitada. Durante ese tiempo puede vivirse uno a sí mismo de un modo desacostumbrado; a veces, de un modo doloroso y, a veces, de un modo gozoso en el que experimentamos la facilidad de la respiración no controlada; en lugar de respirar, nos dejamos respirar. Y esto es algo que nos puede motivar de forma muy intensa en el proceso terapéutico.

RESUMEN: Este artículo pretende observar en la respiración los mecanismos neuróticos descritos en la Terapia Gestalt: introyección, proyección, retroflexión y confluencia.


                                            

 

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